La venta consiste en hacer participe a nuestro comprador de las excelentes ventajas de nuestro producto, ya sea para su uso o bien para, en caso de minoristas, su reventa hacia el consumidor final.
En cualquier caso, la venta constituye una oportunidad para el comprador de poseer algo con un valor determinado.
Ese valor del producto tiene un punto objetivo en tanto en cuanto sea valorable desde un ángulo matemático pero posee un alto valor subjetivo.
¿cómo de feliz hace al cliente poseer este articulo? ¿Como de bien se sentirá cuando ponga a la venta este articulo, que tanta rentabilidad le dará?
Y es aquí justamente donde entra el factor ENTUSIASMO, en juego. La palabra entusiasmo proviene del Griego y significa tener un Dios dentro de sí. La persona entusiasta o entusiasmada era aquella que era tomada por uno de los dioses, guiada por su fuerza y sabiduría, y por ese motivo podría transformar la naturaleza que lo rodea y hacer que ocurrieran cosas.
El entusiasmo es la herramienta para cambiar la realidad que nos rodea.
En las relaciones entre humanos los factores que transmitimos y el como lo transmitimos son de vital importancia en el resultado final.
El Entusiasmo que contagia el vendedor es en muchos casos el vehículo de llegada de la información, para que el cliente la vea desde una perspectiva positiva y por tanto nos de nuestro SI QUIERO.
Ese entusiasmo debe nacer de un amplio conocimiento de nuestro producto y una gran química con este. Debemos querer nuestro producto, nuestro objeto de venta, y querer que nuestro cliente comparta sus beneficios, y sea feliz con ello. No se trata de un teatro mal planteado, sino de una afinidad con aquello que vendemos y a quien se lo vendemos, que nos permita contagiar esa sensación positiva a nuestro cliente.
El entusiasmo en la venta es la misteriosa fuerza que contagia al cliente y nos permite hacer excelentes negocios.